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Fuente: "Diccionario abreviado de pastoral" (extractos), Casiano Floristán y Juan José Tamayo. Edit. Verbo Divino




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En su formulación clásica, el exorcismo es una intimidación hecha al espíritu del mal en nombre de Dios, para que abandone a una persona o una cosa. En la liturgia cristiana, se han usado exorcismos en los ritos preparatorios al bautismo, en los casos de posesión diabólica y en una serie de ceremonias purificatorias, previas a la consagración de cosas o lugares.
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Etimológicamente, fanatismo deriva del latín fanum (templo, lugar sagrado). De ahí, fanaticus pasó a significar "sagrado, perteneciente a la divinidad", aplicándose así a los sacerdotes de Belona, Cibeles y otras divinidades. Algunos de los rasgos que en ellos destacaron serán característicos de los fanáticos de todos los tiempos: exaltación corporal y anímica, furor, sugestibilidad, pretensión de poseer la inspiración divina y desarrollo de una conducta destructiva.

La palabra no ha sido nunca un término neutral. Desde sus primeros usos hasta el presente, ha tenido connotaciones, generalmente negativas, empleándose como arma para desacreditar al adversario. Existe, por tanto, un cierto relativismo en su uso: lo que algunos califican de fanático puede ser considerado por otros acto de heroísmo. El vocablo, ya en la época moderna, intentó ser rehabilitado por movimientos de orientación totalitaria.

Se puede definir el fanatismo como la intensa adhesión afectiva a una idea, socialmente compartida, a la que se concede un valor absoluto, que pretende ser realizada destruyendo, en nombre de ella, cualquier obstáculo que se interponga.

Del fanatismo se pueden hacer diversas clasificaciones, según el criterio que se elija. Según su objeto; puede hablarse de fanatismo religioso, político, étnico, moral, científico, artístico, o de aficiones concretas ("hinchas" deportivos). Por el componente actitudinal predominante, se puede distinguir entre fanatismo intelectual, emocional y comportamental. Por la identidad del sujeto fanático, cabe un fanatismo individual, o grupal (una secta extremista), incluso masivo (las grandes concentraciones populares del nazismo), o institucional (las prácticas inquisitoriales). Finalmente, el fanatismo puede ser resultado, o un rasgo aislado de la personalidad, pero también una estructura permanente del carácter. También es posible distinguir entre un fanatismo originario (tiene su raíz en uno mismo), y un fanatismo inducido (por la personalidad del líder).

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La teología de la gracia es un ejemplo notable del desarrollo doctrinal en la iglesia: llegó a su término tardíamente, aunque expresando y definiendo realidades capitales vividas conscientemente desde el inicio. Gratia es la traducción latina del griego járis, término precedentemente utilizado en la versión bíblica de los LXX para traducir el hebreo hén, que significa exactamente el favor hacia alguien. En general, en el AT, el favor de Dios hacia sus elegidos viene acompañado de un compasión casi maternal, y se manifiesta en su amor misericordioso y después en su fidelidad. En el NT, el término járis, cargado de todas estas significaciones, será empleado sobre todo por san Pablo para designar el conjunto de la economía nueva instaurada por Cristo, sobre la base del perdón concedido a la humanidad pecadora, a partir de su propia muerte. Pero este aspecto negativo se completa con un aspecto positivo inseparable de él: la adopción que hace de nosotros hijos de Dios, en Cristo resucitado, en el Espíritu Santo.
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La hermenéutica (en griego hermênéuein =interpretar) es la fundamentación y fijación teórica de los principios que se suponen válidos para interpretar los textos bíblicos. La aplicación concreta de estos principios pertenece ya a la exégesis. Ahora bien, dado que la Biblia es a la vez palabra divina y palabra humana, se impone una doble categoría de principios teóricos: 1) Principios generales. Estos tienden a contactar en la medida de los posible con los autores humanos (hagiógrafos) y sus inquietudes personales; 2) Principios teológicos. Dado que los escritos bíblicos no son simples obras humanas, a la hora de interpretarlos se ha de tener muy presente: a) la tradición viva de toda la comunidad eclesial; b) el carácter unitario de toda la revelación bíblica; c) la llamada "analogía de la fe", es decir, la armonía interna de todo el proceso revelador.
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La palabra griega homilía (en latín sermo) equivale a plática o comunicación religiosa de tipo familiar, a diferencia del sermón (en latín, oratio) que significa discurso oratorio. Desde la antigüedad clásica, se distinguieron esos dos géneros de comunicación verbal: uno propio del ágora, de la plaza o de la tribuna, de carácter retórico; otro característico del ámbito doméstico, de estilo familiar. La homilía entendida como predicación litúrgica, siempre ha formado parte de culto cristiano desde la más remota antigüedad, tanto en las reuniones del catecumenado como en la asamblea eucarística. La tentación de la homilía ha consistido siempre en imitar a la retórica, especialmente cuando la predicación se separó de la liturgia a partir del s. XIII.

La homilía puede ser definida, de acuerdo a los textos conciliares, como una parte del ministerio de la palabra y de la liturgia, dirigida a los miembros de la asamblea, en forma de proclamación de las maravillas de la historia de la salvación o misterio de Cristo, inspirada en los textos bíblicos, teniendo en cuenta el misterio que se celebra y las necesidades particulares de los oyentes.

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El icono es una representación pictórica, sobre madera, de Cristo o de alguno de sus misterios, de la Virgen María o de los santos, tal como se acostumbra a realizar en la tradición del cristianismo oriental. El arte de los iconos surgió en tiempos muy antiguos, pero en los siglos VIII y IX se vio combatido por los iconoclastas, que descalificaban como impía cualquier representación artística de la divinidad o de los personajes sagrados. Después del triunfo de la ortodoxia contra la iconoclastia, la pintura de iconos experimentó un auge considerable, siendo Constantinopla el centro más importante del arte iconográfico hasta el año 1453, en que desapareció el imperio bizantino; después, la importancia pasó a otras escuelas, como la de Creta y, fuera de Grecia, la de Venecia y la ítalo-bizantina. En cuanto a los iconos pintados en territorio eslavo, se destacan las escuelas de Kiev y de Novgorod.
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La expresión inculturación de la fe alude a una relación de carácter estructural entre la fe y la cultura. La fe es siempre fe de hombres concretos, en el espacio y en el tiempo de la historia: es decir, en la cultura. Esto vale de toda experiencia religiosa. Vale especialmente de la experiencia bíblica y cristiana, toda ella enmarcada en la historia.
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Infalibilidad es el término que designa la preservación del error propia de la iglesia en materias de fe propuestas como absolutamente obligatorias. Siendo la iglesia la portadora del mensaje revelado por Dios para los hombres, es necesario que esta iglesia esté preservada del error, al menos en aquellas cuestiones que se consideran vitales y decisivas para que los hombres encuentren la verdad y el querer de Dios. En la infalibilidad se trata solamente de la intervención de Dios para preservar a la palabra humanadle error. El sujeto primario y fundamental de la infalibilidad es la iglesia en su totalidad.
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El concepto de jerarquía significa etimológicamente "santo dominio", y en el lenguaje corriente se ha empleado para designar el orden vertical, estrictamente graduado, de la autoridad sacerdotal en la iglesia. Es un concepto que impregnó masivamente a la teología desde el segundo milenio para designar el orden eclesial querido por Dios, en el contexto de una eclesiología piramidal. Actualmente hablamos de "iglesia jerárquica", término popularizado por san Ignacio y los jesuitas desde la Contrarreforma, en sentido analógico a "Iglesia institucional"o a "autoridad eclesiástica". El concepto ha permanecido, tanto en la teología como en el derecho canónico, para subrayar las competencias de los distintos estamentos eclesiales. La identificación de la jerarquía con la iglesia ha llevado a veces a hacer de la eclesiología una "jerarcología".
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Por jurisdicción se entiende la potestad pública concedida por Cristo a la iglesia para regir a los fieles en orden a que consigan su fin sobrenatural. Esta potestad de jurisdicción o del régimen se subdivide en legislativa, ejecutiva o administrativa y judicial. Mejor todavía se puede hablar de potestad de regir, enseñar y santificar, según los tres poderes de Cristo: pontífice, maestro y pastor.

La jurisdicción como iuris-dictio aparece históricamente vinculada de forma especial al poder judicial, ya que son los jueces los que dicen o dictan el derecho. Pero como los jueces tiene que atenerse a la ley y observar todo el principio de la legalidad, la jurisdicción más amplia y fundamental, que se desarrolla especialmente en el poder legislativo.


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