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Fuente: "Diccionario abreviado de pastoral" (extractos), Casiano Floristán y Juan José Tamayo. Edit. Verbo Divino




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palabra derivada de devovere (ofrecer, consagrar), significa en primer lugar la disposición y diligencia en servir a Dios en la alabanza, el culto y la oración, y su sentido coincide casi con el de piedad: en definitiva, es el amor de caridad con que el hombre se adhiere a Dios, manifestado de un modo especial en la dedicación constante y sincera a los actos de culto. En este sentido teológico y profundo, la devoción es una actitud espiritual necesaria para todo cristiano, ya que el último fin de la vida cristiana es la glorificación de Dios.

Otra cosa hay que decir de las devociones (en plural). Consisten en las diversas prácticas religiosas de tipo particular, orientadas a honrar un objeto religiosamente determinado, de acuerdo con las preferencias del individuo devoto. Así se puede hablar de devoción al Señor, al sagrado Corazón de Jesús, a la eucaristía, a María, a un santo determinado, al rosario, a la cruz, etc. Muchas de estas devociones son recomendadas e incluso alentadas por la iglesia, pero nunca se imponen de un modo obligatorio, como si fueran imprescindibles para la vida cristiana.

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El término diácono significa el que sirve a la mesa o servidor. En san Pablo equivale al servidor de Dios o de la comunidad. Finalmente, se llamará diácono al que ejerce un determinado ministerio en la comunidad, es decir, a quien desarrolla un servicio en pro de los hermanos y de los hombres o de la solidaridad. El diaconado fue desde el comienzo de la iglesia un servicio especial caracterizado por la ayuda en el culto, la asistencia a los pobres y la dirección de la comunidad. Dicho de otro modo, el cristianismo evangélico puso el acento en la diaconía y en la liturgia, al utilizar tanto el verbo diakoneo como leitourgeo, pero sin oponerlos, ya que lo decisivo es el servicio a los hermanos a partir del altar, y la liturgia es una diaconía.

Muy pronto el sacramento del orden se dividió en tres ministerios ordenados: episcopado, presbiterado y diaconado. El diaconado fue importante mientras consistió en un servicio personal a los hermanos desde la eucaristía. Los diáconos primitivos suplían a los presbíteros en la celebración de algunos sacramentos, enseñaban al pueblo y administraban los bienes de la iglesia.

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El Vaticano II decretó la elaboración de "directorios generales sobre la cura de almas, para uso de los obispos y párrocos, de forma que se les propongan métodos determinados para el más fácil y adecuado ejercicio de su cargo pastoral". Señaló asimismo, la importancia de dos directorios pastorales: el dirigido "grupos especiales de fieles" y el destinado a la "instrucción catequética del pueblo".

Los directorios de pastoral son documentos redactados por alguna congregación o comisión de pastoral (continental, nacional o diocesana) y autorizados por los obispos, que regulan, coordinan y estimulan una actividad concreta pastoral en toda la iglesia, en un país, en una región o en una diócesis.


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La palabra dogma procede del verbo griego dokein, cuyo significado es doble: a) creer, opinar; b) decidir. Ello dio lugar a los dos sentidos que tenía en la antigüedad: en el plano filosófico, opinión doctrinal de una escuela filosófica o de un filósofo; en el plano político, orden, decreto, disposición dictada por la autoridad legítima.

Los Padres Apostólicos aplican el término dogma a la enseñanza de Jesús y de los apóstoles y a la doctrina revelada del evangelio. El dogma vendría a designar la obligatoriedad de las palabras de Jesús en la praxis de los cristianos.

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A pesar de que la unidad fundamental del tiempo, el día, es de origen solar, la ordenación primitiva del tiempo procede de la luna. Los antiguos advirtieron que del novilunio o luna llena hasta su oscurecimiento o desaparición transcurren 28 ó 29 días con cuatro fases. Cada fase de siete días o una semana es de origen antiquísimo, indo-iranio o sumerio-babilónico. Probablemente en Ur de Caldea, patria de Abrahán, había una religión lunar. La semana judía de siete días y el sábado, como día de descanso y de culto, son antiguos. Para fundamentar teológicamente el sábado, que ya existía, se afirma en el Génesis que Dios creó el mundo en seis días, y que el séptimo descansó. El descanso sabático fue estipulado para que los trabajadores (y los esclavos, si los había) tuvieran un día libre, de reposo y de liberación. El culto significaba dedicar ese mismo día a Yahvé. Por otra parte en la antigüedad griega y romana se conocían los nombres de los siete planetas o satélites de la tierra, considerada centro del universo. Estos siete nombres eran de dioses y se aplicaron a los días de la semana a comienzos del s. III a. C. Saturno, día de descanso, fue llamado sábat por los rabinos judíos.

La semana cristiana surge a partir de las semanas judía y pagana. Comienza en domingo, denominado por el Vaticano II "la fiesta primordial de los cristianos"; se apoya en "una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la resurrección de Cristo". Desde el principio, también fue el día de reunión de la comunidad cristiana para celebrar al Señor mediante la cena fraterna, la eucaristía, la reconciliación y la comunicación de bienes. Un grupo social toma conciencia y permanece si se reúne periódicamente. Así lo hicieron los cristianos en el domingo. La eucaristía es, pues, el objetivo central del domingo.

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El bautismo es el primer sacramento de la iniciación cristiana, que consiste esencialmente en un rito de inmersión o ablución con agua, acompañado por unas palabras que, de un modo u otro, constituyen una profesión de fe en el Dios trinitario revelado por Jesucristo. Por el bautismo, se expresa y realiza el renacimiento espiritual a la vida de hijos de Dios y la incorporación a la iglesia como comunidad de creyentes. El rito bautismal cristiano está emparentado con las diversas y numerosas abluciones practicadas en todas las religiones como signo de purificación interior, y sobre todo lo está con los usos rituales judíos del agua, que tenían diversas significaciones: purificación legal, acción introductoria de un prosélito gentil al pueblo de Israel, penitencia. Pero el gran precedente del bautismo cristiano es el de Juan Bautista, al que el mismo Jesús se sometió.

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El término griego carisma significa "don", "regalo"; equivale a "gracia"; a "dádiva"; y a "llamamiento", "vocación". Prácticamente es sinónimo de "funciones" y "actividades". Los carismas son, por consiguiente, los efectos del Espíritu de Dios en el creyente singular, que nunca pueden ser exigidos por el hombre, ni pueden alcanzarse por la recepción de los sacramentos. En su sentido más propio, el carisma se puede definir como la continua vocación concreta (abraza tiempo y eternidad) que se actúa en la comunidad cristiana, la constituye y edifica de manera permanente y está al servicio del prójimo en el amor
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Los cristianos deben testimoniar la caridad de la Iglesia, derivada de la caridad de Cristo, como comunidad de amor. Y esto no lo hacen los creyentes porque sólo hay necesidades, sino por mandato del Señor.

A lo largo del tiempo, la iglesia ha ejercido su función pastoral caritativa de muy diferentes maneras. La primera ayuda caritativa cristiana nació junto a la eucaristía. Los apóstoles instituyeron pronto a los diáconos como ayudantes del servicio del altar y de los pobres, a saber, de una doble mesa. Pero no se circunscribió la caridad a la propia comunidad, sino que trascendió, por medio de las colectas, a otras iglesias o comunidades pobres.

En el mundo actual, la caridad se ha socializado; no son suficientes los esfuerzos individuales. Las ayudas se realizan por instituciones permanentes, organizadas, con subvenciones diversas. Incluso el servicio social se ha convertido en una profesión. Se pretende el bienestar social del prójimo con amor. En el caso de los cristianos, con amor de Dios y el prójimo, con caridad.

En el nivel estructural y organizativo es necesario que se restablezca para todos un sistema de previsión social. Fundamentalmente, esto es misión de la autoridad pública. Al mismo tiempo hay un servicio social. La necesidad afecta a la persona entera. Por esta razón depende este servicio de la imagen del hombre que se tiene. Este es el sentido que intenta desarrollar Cáritas como organización católica destinada a fomentar el amor de Dios a través del amor fraterno.

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El cambio sufrido por la sociedad europea a finales de la Edad Media, la ignorancia religiosa de la inmensa mayoría de los cristianos y los problemas planteados por la Reforma Protestante, obligan a la Iglesia católica a replantearse su actuación en el campo de la educación de la fe.

En estos momentos y como fruto de esa situación hay que situar el nacimiento del catecismo como libro que asegure el aprendizaje de las "verdades que debemos creer, los mandamientos que debemos cumplir y los medios que debemos emplear, los sacramentos, para salvarnos". Estos catecismos son "compendios breves y concisos de la doctrina cristiana, redactados para los simples fieles y para la juventud". Catecismo como institución, lugar donde las personas ignorantes y sencillas (sobre todo niños) son instruidas de forma sistemática en los "rudimentos de la fe y en la obediencia que deben a sus padres".

El catecismo, texto e institución, será una de las principales armas del catolicismo para la apremiante renovación eclesial emprendida por el concilio de Trento. Al sentirse la cristiandad católica amenazada en su fe, todos los esfuerzos serán pocos para defender la pureza doctrinal y la ortodoxia más estricta. Una catequesis sistemática y doctrinal necesita un texto donde se encuentren los "saberes necesarios para conseguir la salvación", y un texto necesita un ámbito que asegure unas estructuras y unos métodos para su transmisión.


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Puntos de interés acerca del catecumenado son los siguientes: 1) identidad del mismo; 2) a qué debe iniciar propiamente; 3) aspectos de pedagogía catecumenal; 4) fases o etapas del proceso de iniciación.

En su momento de origen, el catecumenado constituyó una actividad pastoral de marcado carácter catequético, por la que se ayudaba a los recién convertidos a pasar de una fe inicial a una fe adulta. Esa intención evangelizadora, y no las derivaciones ritualistas que luego le acompañaron, aparecen hoy como lo más originario de la institución catecumenal.

De modo que el catecumenado se entiende actualmente como un proceso de asimilación del mensaje cristiano, orientado a transformar la vida del creyente y marcado por unas etapas que estimulan el crecimiento hacia la madurez cristiana y predisponen poco a poco a una vivencia comunitaria de la fe.

Catecúmeno en nuestros días puede ser el que se encuentra en búsqueda, el que decide revisar su manera pasiva de creer y se muestra dispuesto a asumir lo cristiano de una forma mucho más consciente y personal, el que no se cierra en el propio egoísmo o aislamiento, sino que busca el modo de incorporarse a una comunidad cristiana que le impulse a vivir los valores radicales del evangelio de Jesús.


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